Nación

No sabía lo que era izquierda ni derecha hasta que desapareció mi hijo


Olga Etchegoyen es un ser entrañable. Su cuerpo delgado y pequeño recuerda un junco, sus ojos de madre se inundan cuando recuerda a su hijo, Adalberto Luján González, Puchi, sin embargo esta mujer que parece tan frágil supo enfrentar a las patotas de la dictadura reclamando por su hijo.

Que larga lucha la de las Madres y que ejemplo por sobre todas las cosas
Y tenemos que seguir en la lucha porque ahora tenemos que dejar que la juventud siga adelante, pero todavía estamos firmes porque tenemos fe en Cristina (Fernández). Esto es la herencia de Evita, que la sigue Cristina. Eva se nos fue muy joven, pero para nosotras ahora volvió en Cristina.

¿Son concientes que si en el país nunca más hay una dictadura, gran parte de la responsabilidad es justamente de la labor de las Madres?
Seguimos luchando y todavía nos quedan fuerzas para seguir adelante.

¿Cómo fueron aquellos comienzos en Madres?
Yo me incorporé porque me faltó mi hijo y por lógica tenía que estar firme y buscarlo. No dejé lugar sin buscarlo. Hacía catorce habeas corques por día; iba a los tribunales; a la CoNaDeP; a Casa de Gobierno; a la SIDE; al Ministerio del Interior. Recorrí todo.
Me recibían por mi apellido y me abrían las puertas sin saber hasta donde podía llegar. Yo estaba decidida a cualquier cosa por mi hijo, como muchas otras, porque no hemos sido pocas las que hemos perdido a los hijos.
Todavía estamos de pié y en la lucha, porque tenemos porque luchar, porque queremos saber dónde están.

A tanta lucha y tanto dolor, la vida las recompensa con tantos otros que les brindan cariño
Como decimos nosotras, son nuestros hijos del corazón. Todos estos chicos que van recuperando las Abuelas, chicos jóvenes a los que les pedimos que sigan adelante cuando nosotras dejemos la lucha, aunque con mis 82 años todavía tengo ganas.
La raíz deja ramas, que cuando son verdes, sinceras y honradas, siguen adelante y siguen creciendo.
Usted sigue adelante con la particularidad de que perdió a un hijo pero otro la acompaña en esta lucha
Si, no tenía más que seis años, hoy tiene cuarenta y tres y me acompaña y me dio un nieto de veinte, que me recuerda mucho a mi hijo desaparecido.
Yo no sabía en aquella época lo que era ni la izquierda ni la derecha, hasta que desapareció mi hijo y ahí aprendí.
La vida me golpeó tanto con la pérdida de mi hijo que me enseño muchas cosas que no sabía que iba aprender.

Sin formación política de ningún tipo, naturalmente se dio la organización de Las Madres.
Sin ninguna formación, el dolor grande de haber perdido un hijo nada más, porque jamás había hablado de política. Tenía mis ideas y soy más evitista que peronista, porque siempre creí en la mujer, por eso hoy el camino, que Eva no pudo hacer o no pudo cumplir por su corta edad, lo tomó Cristina y la acompañamos.
¿Se la ve muy identificada con la Presidenta?
Si, ahora si. Por todo lo que he sufrido y he pasado, le quiero enseñar a la juventud que siempre hay que tener fuerza. Lo que nosotros vivimos no se va a repetir más porque ahora tenemos la fuerza del dolor y del amor a lo que perdimos.
Hemos luchado y sufrido mucho. Es imposible relatar en poco tiempo tantas cosas vividas.

En más de treinta años de lucha, en algún momento, pensó “hasta acá llegué”
No, nada me detuvo. Yo salía y volvía a casa a cualquier hora, hasta llegué a dormir en la Casa de Gobierno, para ver al sr. Videla a la mañana siguiente, si es que se le puede llamar señor a ese asesino.

Se habla mucho de las madres, pero qué pasaba con los padres. El caso de su marido por ejemplo
Mi marido me acompañaba pero también tenía que trabajar para mantenernos. Yo me llevaba al nene que tenía seis años conmigo, hasta que en una oportunidad nos corrieron con los caballos en Plaza de Mayo, por lo que a partir de ahí empecé a dejarlo en casa de unos amigos para poder seguir todos los jueves dando la vuelta en la Plaza.
Después nos fuimos a Zárate porque un compañero de trabajo de mi marido le dijo que nos fuéramos porque me iban a matar, y me llevaron más engañada que otra cosa porque yo quería seguir en Buenos Aires buscándolo. No les tenía miedo.

¿Cómo es un día suyo hoy?
Como el de cualquier abuela y madre, pero como una leona, porque hoy me quedan ellos para cuidar, que desde el momento que me faltó mi hijo me convertí en leona.

 
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